
Ya empecé a currar... ¿y qué puedo decir? pues lo que ya sabía, que el campo de la salud no es lo mio.
El trabajo es muy duro. Mi horario es de noche y me pego entre semana, tres días, con jornada de 10 horas y los sábados y domingos curro doce horas.
El trabajo, es sacrificado y hay que tener mucho estómago para llevarlo adelante.
Hay que lavar a personas muy mayores, cambiar pañales, poner cuñas, cambiar sondas, poner aerosoles, pinchar para el test del azúcar, tomar la tensión y la fiebre. Además de eso, debo hacer las camas que se manchen, (por la noche), quitar la cena, preparar la hoja de desayuno, arreglar el carro del enfermero para que lo tenga tod, el almacén de medicinas y el de lencería. Tener listo el carro de limpieza del turno de la mañana y pasar informáticamente todo mi trabajo.
En definitiva, una paliza que no me deja dar ni una cabezada a pesar de las diez horas de curro que me pego.
Cuando llego a casa, estoy traspuesta totalmente. Por las tardes tengo que dar mis clases particulares, en esta época, no puedo dejar a mis niños tirado.
Por otro lado, los médicos han sacado, más o menos en claro, por qué tengo los dolores de brazos, espalda y piernas. Que por cierto, se me hacen insufrible cada día de curro. Así que tengo que iniciar un tratamiento de pastillas y rehabilitación. Y a todo esto, para ser el colmo de la mala suerte, tengo los dos ojos cerrados de una infección que no se sabe de dónde ha venido. Como dice mi madre; soy la pupa. En un principio decía que era orzuelos (creo que se escribe así), pero el oculista lo ha descartado. Tengo infección y posiblemente, y de momento, sólo posiblemente, me tenga que operar para quitarme tres quisters que me han salido. Mi cara es un poema... y ya en el curro me han preguntado si es contagioso, pero me han dicho que no. Así que voy a currar a pesar de los picores y dolores que tengo.
Lo dicho, curro nuevo, dolores antigüos y nuevos y sigo luchando que la vida son tres días...
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