
Todas las mañanas me levanto con un buen propósito. Quiero curarme y salir del agujero en el que estoy metida. Pero me cuesta mucho por mi alrededor. Tengo a mi madre superando un cáncer que la tiene muy deprimida. Llora casi más que yo, que ya es decir. Juntas estamos intentando darnos fuerzas, pero es difícil, pues ambas tenemos enfermedades difíciles de superar.
Por un lado quiero trabajar, pero por otro, las pastillas no me dejan hacerlo en las condiciones que yo quisiera. Hay momentos del día que mi cuerpo me pide estar tumbada en el sofá y aunque no lo hago, más bien porque no me dejan, mi estado anímico no es el propio de una trabajadora. A veces me da ansiedad, cuando recuerdo el trabajo que tenía en Melilla y “la paz” que tengo ahora. Añoro muchísimo mi vida allí y mis actos cotidianos. Mis visitas al Dique, a Melilla la vieja, el Ayuntamiento, mi pabellón… aquí siempre es lo mismo. Cama, cocina, salón, cama. No puedo conducir, de vez en cuando me animo a salir a correr, pero cuando lo hago estoy dos días que no me puedo mover, dolores de rodilla y espalda, que desconozco la razón pero que estando como estoy me niego a ir al médico para estas razones.
Hace tiempo que tuve una conversación muy seria con Dios. No sé muy bien por qué me ha retado con todas estas cosas… los entendidos dicen que hay un porqué de todo, que sólo hay que esperar y que mi sufrimiento tendrá una recompensa buena seguro… no sé que creer, lo único que sé es que llevo ¡17! Meses en los que cada día he ido empeorando y ni el tratamiento me ha puesto mejor. Sólo mi Fe, mis deseos de salir adelante y la necesidad de aparentar una mejoría porque mi madre lo necesita me hace estos días estar un poquito mejor aunque con un interior muy muy triste, demasiado triste diría yo.
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