
La quimio ya ha empezado a hacerle daño a mi madre. Las yagas, el extreñimiento y lo peor, la caida de pelo. Los mechones salen a borbotones y se está quedando calva. En un principio mi madre se hacía la fuerte diciendo que lo del pelo era lo de menos, pero ahora que ha llegado el momento no deja de llorar. Yo me siento muy triste porque sinceramente no sé como ayudarla. No me gusta verla llorar, y cuando lo hace se me estremece el corazón. Eso me hace olvidarme de todo, de mi enfermedad, de los mios, de mi futuro...parece que estoy por y para mi madre, porque la quiero con locura y si tengo que embargarme para comprarle la mejor peluca del mundo lo haría, pero ella no quiere pelucas, dice que prefiere un sombrero y su cabeza calva. Respeto su decisión. La quiero con locura y sólo espero que Dios le devuelva lo que el cáncer la arrebató; su pelo y su alegría.
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