
Desde que era una cría y muy a pesar de físicamente no tener ningún tipo de cualidades, siempre he amado el deporte. Con el deporte me he sentido libre, ágil, fuerte… me hace desconectar y sentirme bien.
Con trece añitos aprendí a amar el baloncesto. Un entrenador me hizo entender la magia de este deporte y verlo como un método de vida. Por lo que hice que la mía fuese compartir mis obligaciones con mi afición al deporte de la canasta.
Las circunstancias me llevaron a un lugar que jamás hubiese imaginado que pudiese llegar aún soñándolo, formar parte de un club profesional de baloncesto.
Ahora cuatro años después de formar parte del Club Melilla Baloncesto miro con añoranza la ilusión que tenía siendo una niña. Esa ilusión que me hacía no dormir de nervios porque llegase un partido. Ahora no duermo porque los problemas no me dejan vivir.
La gente me mira pensando que soy una afortunada por ocupar el cargo que ostento: Gerente.
No saben de lo que hablan. Todos los cargos de gerencia son de máxima responsabilidad y acarrean muchos problemas; son pocas las gratificaciones que se reciben y las alegrías. Pero es que Melilla es más especial aún si cabe.
Dando fe que soy la Gerente peor pagada con diferencia de toda la Liga, pero no pudiendo exigir más a mis superiores porque el Club es humilde y arrastra una gran deuda… tengo bajo mi responsabilidad el pleno funcionamiento del mismo. Ejerzo de gerente, relaciones públicas, marketing, comunicación y secretaría.
Lo mismo que tengo que gestionar un contrato, pagar al jugador, hablar con el banco, que mandar un fax, que buscar piso, que hacer la Web del club, buscar patrocinadores, hacer rueda de prensa, actividades con los jugadores de promoción en la ciudad, entrenar equipos de la cantera, que hacer los pompones de nuestra cheerleaders. Da igual, todo vale con el único fin de que el Club funcione y salga adelante. Y todo es importante. Las cheerleaders porque animan a la afición que traen y atraen a familiares y amigos, la Web porque es necesaria para la comunicación externa e imagen, los patrocinadores porque tapan pequeños parches necesarios de ser tapados, papeleo necesario del día a día de 18 empleados que somos, los bancos porque siempre tienen que estar en coordinación con nosotros para sacar adelante las nóminas y pagos, los contratos porque es mi verdadera obligación… y así podía seguir. De tal forma que cada día me levanto a las 6:30 de la mañana para poder hacer frente a mi hogar y dedicándole casi 15 horas diarias al club de mi día aún me falta tiempo para sacarlo adelante.
Los que me ven en el día a día valoran mi trabajo y esfuerzo. Y son conscientes de mi esfuerzo, pero aquellos que sólo ven cada quince días, de partido en partido… pues no valoran ni entienden de esfuerzo.
Los resultados no acompañan. Y ya quisiera yo que fuese todo lo contrario. Por un motivo que se desconoce el equipo no funciona. Y realmente somos una gran familia. No hay jugadores enfadados ni distanciados ni con el club ni con el cuerpo técnico. Todo lo contrario. El talento existe y es por eso que queremos tener paciencia y esperar porque los resultados tienen que llegar. Pero la afición manda y exige. Y cuando lo hace de mala forma me entristece profundamente.
Que lo hagan el FC Barcelona que ganan millonadas y son tropecientos mil… pues vale. Pero en Melilla somos los que somos. Ni más ni menos. Trabajamos honradamente, sacrificamos nuestras vidas por el club, sufrimos más de lo que nos corresponde… buscamos soluciones, creemos en ellas y todos estamos a una… pero si luego no ganamos y la afición está a disgusto…¿entonces de qué nos sirve?
Es ahí cuando me pregunto ¿Qué hago yo aquí? Lejos de los míos, ganando muy poquito más de lo que puedo ganar en casa…pero que además no compensa por los gasto que me acarrea estar fuera de los míos, piso, luz, teléfono…etc. Además de trabajar a destajo toda la semana… llega el fin de semana y no lo disfruto porque estoy sufriendo por los resultados. Me llaman acreedores, me llaman agentes, inmobiliaria…todos pidiendo lo que les corresponde. Y yo por más que busco no encuentro esa ilusión que tenía de niña y me hizo amar el baloncesto.
Esto no es baloncesto, ni mucho menos. Y cuando pienso en salir de aquí, en irme del Club para volver al lugar del que salí… entonces me doy cuenta que será una forma de rendirme, que finalmente no habré conseguido ser fiel a mis sueños e ilusiones… pero que por encima de todo tiene que estar una misma y su felicidad. ¿No creen?
Amo el baloncesto, pero no este baloncesto de oficina. A mi no me importa trabajar, no me importa cumplir el trabajo de cinco personas… lo que sí me importa es ser responsable de lo que no soy, el dinero y los pagos. Por eso no quiero ser gerente. Y se lo he dicho a mi presidente en muchas ocasiones… pero no me deja salir del cargo y si estoy en el club es con ese cargo. Me pesa no poder cumplir con mis obligaciones, me pesa no coger el teléfono o hacerlo con miedo, me pesa no ser quien quiero ser… pero quizá lo más importante… es que tengo que seguir adelante porque la vida me ha dado esta oportunidad y muchas personas no la pueden disfrutar.
Ya veremos como acaba…
Con trece añitos aprendí a amar el baloncesto. Un entrenador me hizo entender la magia de este deporte y verlo como un método de vida. Por lo que hice que la mía fuese compartir mis obligaciones con mi afición al deporte de la canasta.
Las circunstancias me llevaron a un lugar que jamás hubiese imaginado que pudiese llegar aún soñándolo, formar parte de un club profesional de baloncesto.
Ahora cuatro años después de formar parte del Club Melilla Baloncesto miro con añoranza la ilusión que tenía siendo una niña. Esa ilusión que me hacía no dormir de nervios porque llegase un partido. Ahora no duermo porque los problemas no me dejan vivir.
La gente me mira pensando que soy una afortunada por ocupar el cargo que ostento: Gerente.
No saben de lo que hablan. Todos los cargos de gerencia son de máxima responsabilidad y acarrean muchos problemas; son pocas las gratificaciones que se reciben y las alegrías. Pero es que Melilla es más especial aún si cabe.
Dando fe que soy la Gerente peor pagada con diferencia de toda la Liga, pero no pudiendo exigir más a mis superiores porque el Club es humilde y arrastra una gran deuda… tengo bajo mi responsabilidad el pleno funcionamiento del mismo. Ejerzo de gerente, relaciones públicas, marketing, comunicación y secretaría.
Lo mismo que tengo que gestionar un contrato, pagar al jugador, hablar con el banco, que mandar un fax, que buscar piso, que hacer la Web del club, buscar patrocinadores, hacer rueda de prensa, actividades con los jugadores de promoción en la ciudad, entrenar equipos de la cantera, que hacer los pompones de nuestra cheerleaders. Da igual, todo vale con el único fin de que el Club funcione y salga adelante. Y todo es importante. Las cheerleaders porque animan a la afición que traen y atraen a familiares y amigos, la Web porque es necesaria para la comunicación externa e imagen, los patrocinadores porque tapan pequeños parches necesarios de ser tapados, papeleo necesario del día a día de 18 empleados que somos, los bancos porque siempre tienen que estar en coordinación con nosotros para sacar adelante las nóminas y pagos, los contratos porque es mi verdadera obligación… y así podía seguir. De tal forma que cada día me levanto a las 6:30 de la mañana para poder hacer frente a mi hogar y dedicándole casi 15 horas diarias al club de mi día aún me falta tiempo para sacarlo adelante.
Los que me ven en el día a día valoran mi trabajo y esfuerzo. Y son conscientes de mi esfuerzo, pero aquellos que sólo ven cada quince días, de partido en partido… pues no valoran ni entienden de esfuerzo.
Los resultados no acompañan. Y ya quisiera yo que fuese todo lo contrario. Por un motivo que se desconoce el equipo no funciona. Y realmente somos una gran familia. No hay jugadores enfadados ni distanciados ni con el club ni con el cuerpo técnico. Todo lo contrario. El talento existe y es por eso que queremos tener paciencia y esperar porque los resultados tienen que llegar. Pero la afición manda y exige. Y cuando lo hace de mala forma me entristece profundamente.
Que lo hagan el FC Barcelona que ganan millonadas y son tropecientos mil… pues vale. Pero en Melilla somos los que somos. Ni más ni menos. Trabajamos honradamente, sacrificamos nuestras vidas por el club, sufrimos más de lo que nos corresponde… buscamos soluciones, creemos en ellas y todos estamos a una… pero si luego no ganamos y la afición está a disgusto…¿entonces de qué nos sirve?
Es ahí cuando me pregunto ¿Qué hago yo aquí? Lejos de los míos, ganando muy poquito más de lo que puedo ganar en casa…pero que además no compensa por los gasto que me acarrea estar fuera de los míos, piso, luz, teléfono…etc. Además de trabajar a destajo toda la semana… llega el fin de semana y no lo disfruto porque estoy sufriendo por los resultados. Me llaman acreedores, me llaman agentes, inmobiliaria…todos pidiendo lo que les corresponde. Y yo por más que busco no encuentro esa ilusión que tenía de niña y me hizo amar el baloncesto.
Esto no es baloncesto, ni mucho menos. Y cuando pienso en salir de aquí, en irme del Club para volver al lugar del que salí… entonces me doy cuenta que será una forma de rendirme, que finalmente no habré conseguido ser fiel a mis sueños e ilusiones… pero que por encima de todo tiene que estar una misma y su felicidad. ¿No creen?
Amo el baloncesto, pero no este baloncesto de oficina. A mi no me importa trabajar, no me importa cumplir el trabajo de cinco personas… lo que sí me importa es ser responsable de lo que no soy, el dinero y los pagos. Por eso no quiero ser gerente. Y se lo he dicho a mi presidente en muchas ocasiones… pero no me deja salir del cargo y si estoy en el club es con ese cargo. Me pesa no poder cumplir con mis obligaciones, me pesa no coger el teléfono o hacerlo con miedo, me pesa no ser quien quiero ser… pero quizá lo más importante… es que tengo que seguir adelante porque la vida me ha dado esta oportunidad y muchas personas no la pueden disfrutar.
Ya veremos como acaba…
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