
Este fin de semana ocurrió algo terrible. Un niño del colegio de mis sobrinos, con sólo cuatro años murió con una enfermedad terminal como es la Meningitis b. El jueves estaba en el colegio tan feliz, jugando con sus amiguitos. El viernes estaba ingresado con fuertes dolores y fiebre alta. El sábado tuvieron que apuntarle las piernas y brazos para intentar salvar su vida y el domingo de madrugada fallecía.
No conocí a ese niño, pero siento como si fuera parte de mi. Amiguito de lo que más quiero, mis sobrinos. Por un momento, me pongo en la piel de sus padres, y no entiendo esta cruel realidad. En sólo tres días, le han arrebatado lo que más quiere, a su hijo. Una inocente alma que seguramente lo único malo que ha hecho en la vida ha sido llorar por algún capricho, si es que lo hizo.
Y yo me lamento porque sigo sufriendo en esta vida. Dios me tenía que haber llevado a mi y haber dejado al niño aquí. El tenía muchas cosas que hacer por delante, con mi actitud, me quedan pocas. Me duele el alma de tanto sufrir. No entiendo nada de lo que me rodea. Me estoy volviendo majareta. Sólo mi sobrino Pablo, me hace sonreir ahora. Porque con su inocencia me hace entender que sin mis cuidados, él no sería nada. Merece ser felz, muy feliz.
Este fin de semana ha sido muy triste. Lágrimas de impotencia, dolor y sufrimiento. Y un video que encontré en Internet me hizo entender que hay que levantarse cueste lo que cueste, sólo hay que encontrar la fórmula para hacerlo. No es fácil, tarea dificil para mi....
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