No es fácil para mi mi situación personal. Pero se agrava con todo lo que me rodea. Como dije hace unos días tengo a un hijo de mi hermana a mi cargo. Hace tres días, los médicos le hicieron una revisión y decidieron que necesita rehabilitación porque tiene atrofia muscular. Tiene ocho meses y le notábamos bastante raro. Así que ahora, cada día, además de mis consultas, las de mi madre que tenemos radioterapia cada día y Hormoterapia cada dos semanas durante un año, tengo a mi sobrino Pablo que debe acudir al hospital cada día para que le hagan sus ejercicios.
Esta mañana estuve en la sala esperando un rato a mi turno y durante unos minutos me entraron enormes ganas de llorar por la impotencia de pensar el dolor y sufrimiento que están padeciendo esos menores. Una nunca sabe quién sufre más...
Yo os puedo asegurar que mi enfermedad, tristemente es muy dolorosa, pero es un dolor interno que estremece, que retuerce el estómago, que hace que el corazón se acelere, que me crea presión de cabeza y en definitiva mucho malestar corporal. Para mi, es una enfermedad muy desagradable.
Sin embargo tengo a mi madre con un cáncer, que la quimio le ha arrebatodo su pelo, uñas, ganas de vivir, etc... y piensa una ¿quién está sufriendo más? tengo que luchar.
Pero ahora aparece Pablo, mi sobrino. Y veo en la rehabilitación varios niños en sillas de ruedas de la que nunca podrán salir, niños que andan cojeando, niños atrofiados físicamente de por vida... bebes que lloran cuando le rehabilitan... el mio se muere de la risa gracias a Dios, pero a veces se enfada porque no quiere hacer más. Y pienso ¿quién sufre más? ¿yo? ¿mi madre? ¿los niños?
Y entonces me doy cuenta que hay muchas maneras de sufrir y algunas son tan injustas... y mi corazón sufre aún más... Yo no creo merecer lo que estoy viviendo. Pero ¿acaso mi madre lo merece? y mi sobrino Pablo ¿lo merece? Creo que Dios se está cebendo con mi familia... QUE SALGAMOS DE ESTA.
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