Inocente de mí que me siguen dando palos por todos lados. Me llueven tantos que ya no sé por dónde me van a caer.
Que mal me sienta la gente políticamente correcta. Aquellos que por quedar bien son capaces de mentir e incluso “vender” a su madre en algunos casos extremos. Y hay muchos. Por desgracia estamos rodeados.
Me decía mi padre hace algún tiempo, como consejo personal, que luchara por alcanzar mis metas, que nunca bajase los brazos y que lo hiciese desde la humildad, el respeto y nunca “pisando” a nadie por alcanzarla. Sus palabras me parecieron lógicas y muy directas. Sabía que debía hacerle caso. Me lo apunté como método de vida profesional.
Intento ser lo más transparente y persona que se es posible. Cierto es que procuro ser políticamente correcta cuando se es necesario para evitar “la guerra” porque hubo un amigo al que quiero y admiro muchísimo que me dijo “si España y Estados Unidos se dijesen a la cara lo que de verdad se piensa el uno del otro… no dudes que estaríamos en guerra” hay que saber medir y mediar para evitar los problemas.
Pensé mucho sus palabras y comprendí el fondo y la razón de tan sabio pensamiento.
En un cargo de responsabilidad como el que ostento ahora tengo que saber guardar las formas para evitar mayores problemas… si alguien me cae mal y no puedo decírselo porque dependo en parte de él, no se lo digo pero tampoco genero una “amistad” ni relación falsa ni necesaria. Sería mentirme a mi misma y además se me notaría.
Sin embargo desde este sillón cada día voy viendo como las personas se están “destruyendo” así mismas.
Muchos pasan por mi despacho por necesidad y de paso me cuentan algún secretillo que me sirve para conocer mejor a las personas y medir mejor los tiempos.
Me decepcionan aquellos a los que les entregas tu “yo” y te responden con una “falsa”, con una políticamente correcta por el miedo “al que dirán”. No me gusta y me dice mucho de aquellos capaces de mentir por quedar bien con sus superiores o quienes venden una imagen que no es por alcanzar una meta.
A veces creo que puedo ayudar a los demás. y siempre hago el gesto de hacerlo. Hay personas en mi alrededor que pienso podrían ser mejores de lo que son. Es cierto que una no ve sus propios defectos, y cuando me los dicen, no pone los medios para solucionarlos… pero es que cuesta más ayudarse a uno mismo que ayudar a los demás.
Cuando veo un defecto de alguien que quiero jamás se me ocurriría criticarlo ni machacarlo… lo hablo, le digo, le explico le oriento y le aconsejo que cambie porque sé que le va a hacer mejor… pero me equivoco. Pensaba yo que podía cambiar algo que ya no se cambia.
Las personas son como se ven, pueden modificar algo su conducta, reconducir algún defecto… pero poco más. Los adultos no tenemos esa capacidad de cambiar. Lo dice una misma que no cambia ni a palos pese a los consejos, ahora casi a diarios, de mi madre. Como tengas un chip en la cabeza…nadie te lo hará cambiar salvo los palos que recibas por ello… que es lo que me está ocurriendo a mi.
Quisiera daros la bienvenida a mi espacio en el que podrás encontrar toda la información sobre mis publicaciones de autoayuda basada en la experiencia personal. Muchos podrían preguntarme ¿y quién eres tú? Ya respondo. No soy nadie. Simplemente una joven malagueña que la vida retó desde la infancia, que la salud le ha jugado muy malas pasadas y que pese a todo sigo luchando por vivir.
lunes, 27 de agosto de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario